5 red flags de una clase de pilates que no deberías normalizar

Cuando empiezas Pilates es normal no saber muy bien qué esperar de una clase. ¿Es normal que me tiemblen las piernas? ¿Debería poder seguir todos los ejercicios? ¿El profesor tendría que corregirme? ¿Y si algo me duele?…

Hay sensaciones que forman parte del aprendizaje y del trabajo físico. Pero también hay situaciones que no deberíamos asumir como normales en una clase de Pilates.

Estas son 5 señales a las que merece la pena prestar atención.

🚩 1. Todo el mundo hace exactamente lo mismo

Una clase de Pilates puede ser grupal, pero los cuerpos no son iguales.

Cada persona llega con una condición física, experiencia, movilidad, lesiones, limitaciones y objetivos diferentes. Incluso una misma persona puede necesitar cosas distintas de una semana a otra.

Por eso, aunque exista una estructura común para toda la clase, los ejercicios deberían poder adaptarse cuando sea necesario.

Cambiar un muelle, modificar el rango de movimiento, utilizar un apoyo o elegir una variante diferente no significa hacerlo “peor”. Significa encontrar el ejercicio adecuado para ese cuerpo y ese momento.

En Pilates, adaptar también es progresar.

🚩 2. Nadie te pregunta cómo estás

Una molestia lumbar, una lesión reciente, un embarazo, una operación o simplemente un dolor que apareció ayer pueden cambiar completamente la manera de abordar una sesión.

Tu profesor o profesora debería conocer aquella información relevante que pueda afectar a tu práctica y tenerla en cuenta durante la clase.

Y esto no debería ocurrir únicamente el primer día.

El cuerpo cambia y la práctica también debería poder hacerlo.

🚩 3. El dolor se interpreta como señal de que estás trabajando bien

Esfuerzo no es lo mismo que dolor.

Durante una clase puedes sentir intensidad, fatiga muscular, temblor o encontrarte con movimientos que suponen un reto. Todo eso puede formar parte de la práctica.

Pero un dolor agudo, un pinchazo o una sensación claramente desagradable no deberían ignorarse bajo la idea de que “si duele, funciona”.

El objetivo no es aguantar más.

Si un ejercicio provoca dolor, es importante comunicarlo para poder modificarlo, buscar otra variante o parar cuando sea necesario.

Aprender a distinguir entre esfuerzo y dolor es una forma de conocer mejor tu cuerpo.

🚩 4. Nunca recibes una corrección

En Pilates importa mucho cómo realizas el movimiento.

La posición de la pelvis, la organización de la columna, la respiración, la estabilidad, el control o la manera en la que distribuyes el esfuerzo pueden cambiar por completo un ejercicio.

Por eso la mirada del profesor es importante.

Corregir no es perseguir una postura perfecta. Es observar, acompañar y ofrecer indicaciones que te ayuden a comprender mejor el movimiento.

Con el tiempo, esas correcciones también favorecen algo muy valioso: que desarrolles mayor conciencia corporal y autonomía en tu práctica.

🚩 5. Haces ejercicios cada vez más difíciles sin saber por qué

En redes sociales vemos ejercicios de Pilates espectaculares: posiciones invertidas, equilibrios, grandes rangos de movimiento y secuencias avanzadas sobre el Reformer, la silla o el Cadillac.

Pero llegar a un ejercicio más complejo no debería ser el objetivo por sí mismo.

Antes necesitamos construir fuerza, movilidad, coordinación, control y comprensión del movimiento.

Una buena progresión respeta ese proceso.

Más difícil no siempre es mejor.

A veces avanzar consiste en realizar un movimiento aparentemente sencillo con mayor control, precisión y conciencia.

Entonces, ¿qué deberías encontrar en una buena clase de Pilates?

Una práctica en la que puedas aprender, preguntar y progresar respetando tu punto de partida.

El profesor debería observarte, ofrecerte alternativas cuando las necesites y ayudarte a entender poco a poco qué estás haciendo y para qué.

Y tú también tienes una parte importante en ese proceso: escuchar tus sensaciones, comunicar lo que ocurre en tu cuerpo y aprender a conocer tus propios límites.

En SIAMO, cada persona empieza desde un lugar diferente

Por eso en SIAMO Pilates trabajamos con distintos niveles y con un sistema que permite acompañar la progresión de cada alumno.

Además, nuestra metodología incluye la rotación por diferentes aparatos; Reformer, Cadillac, Torre, Silla, Barril o Columpio— para trabajar el cuerpo desde estímulos y posibilidades de movimiento diferentes.

Si nunca has hecho Pilates, nuestro Bono de Iniciación incluye 3 sesiones privadas antes de incorporarte a las clases de grupo. Es una forma de conocer los principios básicos, familiarizarte con las máquinas y empezar a construir una práctica adaptada a ti.

Porque el objetivo no es hacer el ejercicio más impresionante de la sala.

Es aprender a moverte mejor, sentirte mejor y seguir descubriendo todo lo que tu cuerpo puede hacer.

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